La moda y el arte; una historia de amor que empezó en el siglo XIX y que todavía sigue viva. El vestir es un hecho básico en la vida social y esto, según los antropólogos, es común a todas las culturas: cada persona viste su cuerpo de alguna manera y esto supone el desarrollo de la creatividad sobre la figura humana.
“El vestido era para él la casa del cuerpo. Y consideraba que cada cuerpo era distinto a los demás. Por eso buscaba la perfección en todas sus creaciones.” M. Zarate, para Nuestro tiempo.
Nacido en Getaria, pueblo de pescadores e hijo de una famosa modista de la región, Cristobal Balenciaga destacó en el mundo de la alta costura desde muy jóven. Gracias a una recomendación de la familia para la que trabajaba su madre, el artista vasco pudo desplegar todo su potencial. Era capaz de imaginar cualquier traje y de plasmarlo en la tela con sus manos. Esa forma de trabajar sería desde siempre su insignia: la alta costura.
En sus talleres se cumplía el dogma que caracterizaba una de sus citas más famosas: “La mujer debe andar de manera natural y no sentirse insegura en su paso”. Balenciaga era un genio de las proporciones. El cuerpo era para él una escultura viva que la moda podía completar.
Al igual que los artistas, configuró a la mujer como objeto de culto y símbolo de belleza. Más allá de un concepto de idealización presente en movimientos muy antiguos como el arte griego o el no tan lejano barroco, el ya destacado diseñador buscaba marcar las líneas de expresión del cuerpo femenino. Una representación real y elegante que le hizo destacar durante su trayectoria.
Solía decir de él Coco Chanel, una de las grandes influencias del mundo de la moda, que era un verdadero modisto, dominante de cada técnica y estilo. Cuarenta años después de su muerte en 1972, nadie tiene dudas de que Cristóbal Balenciaga elevó la moda a la categoría de arte.
Se inspiraba en las artes para todos sus diseños. Solía recordar a sus trabajadores que un gran modisto debe ser un arquitecto para las líneas, un escultor para las formas, un pintor para los colores, un músico para la armonía y un filósofo en el sentido de la medida.
Hay un parentesco muy estrecho entre sus diseños y las pinturas de Goya, Pantoja de la Cruz, Zurbarán, Velázquez o Zuloaga, que fue su íntimo amigo y en el que se basa en uno de sus diseños más venerados.
Retrato de la señora de Garay, Zuloaga 1938/ Diseño de Balenciaga años 60
El diseño de la imagen constituye un vestido de noche en gros de Nápoles de seda de color fucsia, decorado con efecto moaré. Los dos volantes que arrancan del delantero y se prolongan formando la cola, marcan un detalle leal al modelo flamenco que luce la señora de Garay en la pintura de su íntimo amigo, Ignacio Zuloaga.
Influido por la plástica del barroco español, Balenciaga se decantó por los colores austeros y oscuros en algunos diseños de sus colecciones.
Maria Luisa de Borbón-Parma de Goya/Diseño de los años 50 de Balenciaga
El vestido expuesto fue realizado en París, en el atelier de Felisa, con encaje de la famosa firma Marescot. Tanto su confección como los tejidos utilizados nos recuerdan a la vestimenta que luce Maria Luisa de Parma en el retrato de Goya. Este modelo es un bello ejemplo de cómo la tradición y la modernidad están presentes en toda la obra de Balenciaga.
Del alegre Sorolla incorporó la paleta de colores en otra faceta artística; el gris de la mañana
Retrato de la infanta Margarita, Velázquez 1653/Vestido corte infanta, Balenciaga 1939
Sus vestidos de corte ‘Infanta’ basados en los retratos del pintor español tuvieron éxito internacional. Las siluetas princesa y las combinaciones de tejidos majestuosos, como el terciopelo o el raso, con ricos bordados de azabache y aplicaciones de pasamanería protagonizan estos modelos.
Balenciaga asistió con tristeza al cambio de la alta costura; hasta hacía poco se había considerado un arte y con el tiempo se convirtió en pocos años en un procedimiento arcaico e inaccesible. Algo banal para el destacado diseñador y su concepto de trabajo.
1968 fue el año en el que dejó la moda , en ese momento había completado una larga carrera de diseños e innovaciones textiles. La sociedad y el mundo que tanto le apasionaba estaba cambiando, y quizá ya no había hueco para él. O quizá él ya no deseaba el espacio que hasta entonces había tenido.
El modisto que creaba arte falleció en 1972, convirtiéndose probablemente, en el diseñador más importante de nuestro país y fuente de inspiración de muchos aspirantes que sueñan con alargar la apasionada historia de amor entre la moda y el arte.
¿Te ha encantado la trayectoria de Balenciaga?
Visita su museo y fascínate aún más viendo sus diseños en persona.
Espero que os haya gustado mi crónica…
Un besazo
Tatiana O. Bermúdez
Balenciaga: Arte en la alta costura – Bajo el paraguas purpura
No hay comentarios.:
Publicar un comentario