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jueves, 13 de noviembre de 2025

hombres disciplinados no usan faldas

La Banda de la Policía de Fiyi con faldas tradicionales

 La afirmación de que "hombres disciplinados no usan faldas" se relaciona con una profunda transformación histórica y simbólica en la vestimenta masculina, que se consolidó a partir de la Revolución Francesa y la llamada "Gran Renuncia Masculina". Esta transición marcó el abandono de prendas como faldas, pelucas y atuendos coloridos, asociados anteriormente con el estatus y la elegancia, en favor de un estilo funcional, sobrio y práctico, que se asocia con la masculinidad disciplinada y el orden burgués.

Antes de esta transformación, los hombres usaban vestidos y túnicas que llegaban hasta la rodilla, incluso en capas más formales como el bliaut o el houppelande, especialmente en la Alta y Baja Edad Media. Sin embargo, a partir del siglo XVII, la moda masculina comenzó a enfocarse en la funcionalidad y la sobriedad, impulsada por la Ilustración y los ideales republicanos que valoraban la racionalidad y el trabajo sobre la ostentación. Esta evolución se consolidó con el surgimiento del dandy moderno, representado por figuras como George Bryan Brummell, quien promovió un estilo de vestir oscuro, bien cortado y funcional, que sentó las bases del traje masculino contemporáneo. Todo esto concierne a Occidente, porque como vemos en la foto, los hombres, incluso disciplinados policías, usan faldas, también se pueden ver usando pareos.   

El pantalón, que se convirtió en el símbolo central de la masculinidad en Occidente durante los dos últimos siglos, no solo representa una elección estética, sino un marcador de género y poder político. Su asociación con la virilidad, la libertad y la igualdad en el contexto revolucionario francés lo convirtió en un emblema de la modernidad y el orden burgués. En contraste, el uso de faldas por parte de hombres ha sido históricamente estigmatizado, asociado con la homosexualidad o la desviación de género, lo que refleja una profunda resistencia cultural y simbólica a la expansión de la expresión de género más allá de las normas tradicionales.

La historiadora Christine Bard señala que la prohibición de que las mujeres usaran pantalones en el siglo XIX, y la persistente resistencia a que los hombres usen faldas, revelan una estructura de poder basada en la diferenciación de género, donde la ropa cerrada y funcional se asocia con el hombre, y la ropa abierta y decorativa con la mujer. Esta dinámica simbólica se mantiene en contextos contemporáneos, donde el uso de faldas por hombres sigue siendo percibido como una transgresión social o una amenaza al orden de género establecido.

Por tanto, la idea de que "hombres disciplinados no usan faldas" no es solo una cuestión de moda, sino un reflejo de una historia compleja de poder, género y normas sociales que se remonta a la Revolución Francesa y que sigue influyendo en las percepciones actuales sobre la masculinidad y la vestimenta.

Si las mujeres nos pusimos los pantalones, por qué los hombres no usan faldas.

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