Paisaje de otoño –aprovecho su reciente edición en bolsillo (Maxi de Tusquets) para hacer una lectura que es una relectura de esta novela– cierra el ciclo de "Las cuatro estaciones". Es el último caso en el que Mario Conde interviene como teniente de la policía, como investigador de la policía, puesto que abandona el puesto precisamente ahí para ser lo que siempre ha querido ser: un escritor escuálido, de historias escuálidas y conmovedoras.
Protagonistas de esta historia policial: El asesinado Miguel Forcade Mier, de unos cincuenta y tantos años, antiguo Segundo Jefe de la Dirección Provincial de Bienes Expropiados y ex Subdirector Nacional de Economía y Planificación, que había desertado en 1978 en un viaje con escala en Madrid donde se queda para posteriormente instalarse en Miami. Su mujer Miriam, rubia no natural, unos veinte años más joven, de muslos prietos. Hermana a su vez de Fermín Bodes, amigo de Miguel, pero que acaba de salir de la cárcel después de unos diez años en ella, condenado por malversación. Y el antiguo novio de Miriam, Adrián Riverón, con un gran curriculum como estadista económico, pero que ha caído en desgracia en el régimen actualmente, debido entre otras cosas a su relación con Forcade. Y, el último, otro antiguo dirigente, Gerardo Gómez de la Peña, que como la familia de Forcade vive en El Vedado, o mejor dicho, en El Nuevo Vedado, un barrio exclusivo de La Habana, con sus grandes casas y mansiones.
Y en esa casa, en la de Gómez de la Peña, nos vamos a encontrar con una pintura (no será la única vez que Leonardo Padura recurra a la excusa del arte para crear una novela, lo veremos en Herejes. Ver lectura), Paisaje de Otoño –aquí empezamos con las dobles historias–, un pequeño óleo de la época postimpresionista de Matisse: un borroso paisaje otoñal de una pequeña calle y sus árboles y con (o sin) una pequeña mancha amarilla al fondo que supuéstamente es un perro. ¿Puede ser ésta la causante del asesinato de Miguel Forcade? Porque Forcade ha regresado para llevarse lo que en su primera partida no se pudo llevar y que le reportará unos cuantos millones, que es lo que él necesita para vivir a lo grande como siempre ha vivido y siempre ha querido vivir: con el poder que da el dinero. O será una pequeña escultura en oro de Buda de la dinastía T’ang, también valorada en millones de dólares, lo que ha venido a buscar –guiño a El Halcón Maltés de Hammett– para regresar triunfante a Miami. Da igual. El caso es que la novela policiaca se resuelve sabiendo que la codicia y la venganza siguen siendo los motivos principales de un asesinato sea este el caso o no.
https://luzenlonegro.blogspot.com/2014/01/paisaje-de-otono-de-leonardo-padura.html
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