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domingo, 2 de noviembre de 2025

Realismos de los años '70, Héctor Giuffré


Acrílico, 200 por 200 cm,1944

 

Comentario sobre Figura sentada (Retrato de don Juliano Borobio Mathus)

​“El acto de crear confiere sabiduría, si saber consiste en enriquecer las estructuras subjetivas… Pintar es conocer” (1). Una verdadera teoría del conocimiento a partir del arte se desprende de los escritos que Héctor Giuffré produjo entre 1968 y 1978, año del que se cita. Pintor atento a la historia del arte, su obra se enmarca en los realismos que en la década del 70 se agruparon en una búsqueda de lo propio, de retomar la tradición figurativa de la pintura argentina, luego de una década signada por el internacionalismo (2). Prilidiano Pueyrredón, Cándido López y Fortunato Lacámera fueron algunos de los modelos que guiaron a artistas como Giuffré en el camino de dar un sentido de lugar a su imagen (3).
Giuffré concibe al realismo no como una doctrina sino como “una manera de referirse a las relaciones que el pintor, en cuanto sujeto, establece con ‘lo real’ en cuanto objeto”. Así, propone una pintura que es pensamiento, “cosa mental”, como la entendió Leonardo da Vinci. El artista (sujeto), por medio de la reflexión, penetra y aprehende “la estructura íntima de lo real [los objetos]”. De esa relación de dos, nace un tercero, un nuevo objeto, la pintura, que es obra y se integra al mundo de lo real.
Figura sentada o Retrato de don Juliano Borobio Mathus fue pintada a la luz de estas reflexiones, en las que la realidad pictórica es una conjunción de las propiedades del objeto representado y el sujeto que la realizó. Ajeno a los excesos expresionistas tanto como al verismo naturalista o a la frialdad del fotorrealismo, Giuffré construye la situación de su modelo –un abogado penalista, defensor de presos políticos en el conflictivo período democrático de principios de los setenta– en la tradición de la iconografía religiosa que dota a cada santo de su atributo para que sea fácilmente reconocible por los fieles (4). Así, la escena muestra al abogado leyendo el diario, actualizándose del acontecer político, sentado en una de las típicas sillas playeras de Mar del Plata (5), junto al teléfono (instrumento para su oficio), mientras su perro, fiel compañero y guardián, se sitúa, abúlico, a sus espaldas. Una escena cotidiana, sin acción, en la que el artista codificó una serie de informaciones que al momento de presentarse la obra en 1976 –año del inicio de la dictadura militar– lo hubieran vuelto sospechoso de apoyar actividades subversivas. En las complejas relaciones entre arte y poder por aquellos años, el realismo apeló a diversas metáforas con las que denunciar, sin exponerse a la censura, los graves sucesos políticos que acaecían (6). En el titular del diario que lee el retratado, se distinguen palabras truncas: (“… SMO”) y otras completas (“RETORNO […] OFRENDA DE PAZ”) que refieren a la vuelta de Juan Domingo Perón en 1973 a la Argentina como garantía del cese de los conflictos políticos por los que atravesaba el país. En 1975, momento en que Giuffré pintó Figura sentada, ya era evidente el fracaso de aquella aspiración. Como señala Marina Bertonassi, la obra irónicamente alude a esta circunstancia histórica.
El abogado, el marchand, el coleccionista, la esposa del artista, son otros retratos de esos años en los que Giuffré tipificó desde su mirada distintos roles sociales, introduciendo sutiles elementos críticos.

por María José Herrera
https://www.bellasartes.gob.ar/coleccion/obra/10696/

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