Los que apreciamos las artes visuales encontramos no ya un deleite sino la sublimación de la belleza en la obra de Manet. La historia del arte nos enseña acerca de los cambios que introdujo en la realización y en la forma de percibir el color y las formas. Moduló el color cuando lo que se estilaba era modelarlo. Usó los enfoques clásicos del desnudo, el paisaje, el retrato, pero, con un enfoque cotidiano, eludiendo así la mitología, la historia y la religión. Se asomó a la perspectiva sin el esquema geométrico sino logrando atmósferas de color y forma que renovaron la percepción de la mirada.
Es verdad que hoy no recibimos estas obras con la misma sorpresa que habrán encontrado sus contemporáneos. La sentimos con todo lo que hemos visto, con lo que recordamos, con lo que aceptamos y lo que rechazamos. Pero encontrarnos con la trasposición de su obra en un producto Lego es sorprendente y al mismo tiempo desagradable. Ya conocimos una trasposición semejante en las obras convertidas en "rompe cabezas" o en "pintura por números", no fue suficiente. El mercado absorbe más, produce más y vende más. Así señoras y señores presenciamos el lanzamiento de Manet Lego. Pronto veremos Manet con fuegos artificiales, humo y explosiones.
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